
El carisma de la mujer en el servicio de gobierno eclesial
Benedicto XVI en conversación con los párrocos de Roma el 2 de Marzo,
2006
Fuente: ZENIT.org
Benedicto XVI considera que es justo preguntarse si es posible dejar más
responsabilidades a la mujer en la Iglesia católica.
El pontífice distinguió, sin embargo, esta cuestión del sacerdocio de
las mujeres, mencionando la doctrina de Juan Pablo II en la carta
apostólica «Ordinatio
sacerdotalis», según la cual, «la Iglesia no tiene en modo alguno la
facultad de conferir la ordenación sacerdotal a las mujeres».
El sacerdote preguntó: «¿Por qué no hacer que la mujer también participe
en el gobierno de la Iglesia? De hecho, su punto de vista en las
decisiones que hay que tomar es diferente del masculino».
En su respuesta, el Papa comenzó constatando que los sacerdotes tienen
la experiencia de «mujeres creyentes que nos ayudan en nuestro camino»,
motivo por el cual «la Iglesia tiene una gran deuda que agradecer a las
mujeres».
El Papa aclaró que «las mujeres hacen mucho, me atrevería a decir, por
el gobierno de la Iglesia, comenzando por las hermanas de los grandes
padres de la Iglesia, como san Ambrosio, hasta las grandes mujeres de la
Edad Media --santa Hildegarda, santa
Catalina de Siena--, y
después santa Teresa de Ávila
hasta llegar a la Madre Teresa».
«Diría que este aspecto carismático se distingue ciertamente del sector
ministerial, en el sentido propio de la palabra, pero es una auténtica y
profunda participación en el gobierno de la Iglesia»
«¿Cómo podría imaginarse el gobierno de la Iglesia sin esta
contribución, que en ocasiones se hace muy visible, como cuando santa
Hildegarda critica a los obispos, o como cuando santa
Brígida y santa Catalina de Siena
amonestan y logran que los Papas regresen a Roma?»
Esta contribución, dijo el papa, «es siempre un factor determinante, sin
el que la Iglesia no puede vivir»
Ahora bien, el Papa mismo dejó espacio a voces, como la del sacerdote
que dicen: «queremos ver también más visiblemente, de manera
ministerial, a las mujeres en el gobierno de la Iglesia».
Aclaró que «ministerio sacerdotal está reservado por el Señor, como
sabemos, a los hombres, pues el ministerio sacerdotal es gobierno en el
sentido profundo». En definitiva, subrayó, «el Sacramento gobierna a la
Iglesia».
«El punto decisivo» de la cuestión, según el obispo de Roma, es éste:
«No es el hombre quien hace algo, sino que el sacerdote, fiel a su
misión, gobierna, pues mediante el Sacramento es Cristo mismo quien
gobierna, ya sea a través de la Eucaristía ya sea en los demás
sacramentos, de modo que es siempre Cristo quien preside».
«Sin embargo es justo preguntarse si también en el servicio ministerial
--a pesar de que en esta cuestión Sacramento y carisma conforman la
única vía en que se realiza la Iglesia-- es posible ofrecer más espacio,
más posiciones de responsabilidad a las mujeres».
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