
HOMBRE Y
MUJER: IGUALDAD Y DIFERENCIA
"Dijo luego Yahveh
Dios: no es bueno que el hombre esté sólo. Voy a hacerle una ayuda
adecuada... De la costilla que Yahveh
Dios había tomado del hombre formó una mujer" (Gen 2,18-20).
Con este símbolo de la costilla
describe a la mujer como sacada del hombre; tiene su misma "carne", es
decir, su misma naturaleza y dignidad. El hombre la debe respetar y
amar porque "si la mujer procede del hombre, el hombre a su vez, nace
de la mujer" (1Cor 11,12).
Dios hizo el matrimonio monógamo e
indisoluble "Hueso de mis huesos, carne de mi carne"; los dos "una
sola carne"...(vs.23s.).
Cristo ratificará todas estas
enseñanzas: "Lo que Dios ha unido no lo separe el hombre" (Mt 19,1-9).
Catecismo de la Iglesia Católica
III
"HOMBRE Y MUJER LOS CREO" 2331-2336
Igualdad y diferencia queridas por Dios
369 El hombre y la mujer son creados, es decir, son queridos por Dios:
por una parte, en una perfecta igualdad en tanto que personas humanas,
y por otra, en su ser respectivo de hombre y de mujer. "Ser hombre",
"ser mujer" es una realidad buena y querida por Dios: el hombre y la
mujer tienen una dignidad que nunca se pierde, que viene
inmediatamente de Dios su creador. El hombre y la mujer son, con la
misma dignidad, "imagen de Dios". En su "ser-hombre" y su "ser-mujer"
reflejan la sabiduría y la bondad del Creador.
370 Dios no es, en modo alguno, a imagen del hombre. No es ni hombre
ni mujer. Dios es espíritu puro, en el cual no hay lugar para la
diferencia de sexos. Pero las "perfecciones" del hombre y de la mujer
reflejan algo de la infinita perfección de Dios: las de una madre y
las de un padre y esposo.
"El uno para el otro", "una unidad de dos"
371 Creados a la vez, el hombre y la mujer son queridos por Dios el
uno para el otro. La Palabra de Dios nos lo hace entender mediante
diversos acentos del texto sagrado. "No es bueno que el hombre esté
solo. Voy a hacerle una ayuda adecuada" (Gn 2, 18). Ninguno de los
animales es "ayuda adecuada" para el hombre. La mujer, que Dios
"forma" de la costilla del hombre y presenta a éste, despierta en él
un grito de admiración, una exclamación de amor y de comunión: "Esta
vez sí que es hueso de mis huesos y carne de mi carne" (Gn 2, 23). El
hombre descubre en la mujer como un otro "yo", de la misma humanidad.
372 El hombre y la mujer están hechos "el uno para el otro": no que
Dios los haya hecho "a medias" e "incompletos"; los ha creado para una
comunión de personas, en la que cada uno puede ser "ayuda" para el
otro porque son a la vez iguales en cuanto personas ("hueso de mis
huesos...") y complementarios en cuanto masculino y femenino. En el
matrimonio, Dios los une de manera que, formando "una sola carne" (Gn
2, 24), puedan transmitir la vida humana: "Sed fecundos y multiplicaos
y llenad la tierra" (Gn 1, 28). Al transmitir a sus descendientes la
vida humana, el hombre y la mujer, como esposos y padres, cooperan de
una manera única en la obra del Creador.
373 En el plan de Dios, el hombre y la mujer están llamados a
"someter" la tierra como "administradores" de Dios. Esta soberanía no
debe ser un dominio arbitrario y destructor. A imagen del Creador,
"que ama todo lo que existe" (Sb 11, 24), el hombre y la mujer son
llamados a participar en la providencia divina respecto a las otras
cosas creadas. De ahí su responsabilidad frente al mundo que Dios les
ha confiado.