Juan Pablo II pidió a la Comisión Histórico-teológica del Comité
para el Gran Jubileo del año 2000 la celebración de un
congreso sobre la Inquisición.
Se invitaron historiadores universalmente reconocidos,
procedentes de diferentes confesiones religiosas, tal como lo
pidió el Santo Padre. El historiador Agostino Borromeo, experto
en la Inquisición, fue el coordinador. Para facilitar la
investigación, el Papa mandó, en 1998, que se abriesen los
archivos secretos de la Congregación para la Doctrina de la Fe
(antiguo Santo Oficio). La Iglesia ha hecho todo lo posible para
que la investigación fuese abierta a toda la verdad. El congreso
sobre la Inquisición fue parte de la preparación para la
Jornada del Perdón
del año santo. El 12 de marzo del 2000 el Papa pidió perdón por
los errores cometidos en el servicio a la verdad recurriendo a
métodos no evangélicos.
"La Iglesia busca la verdad histórica para pedir perdón por los
pecados de sus hijos".
-Juan Pablo II, 15 de Junio, 2004, al presentarse las «Actas del
Simposio Internacional "La Inquisición"»
El trabajo de la comisión continuó mas allá del año 2000 y
después de un trabajo intenso, las actas del congreso, llamado
Simposio Internacional "la
Inquisición", se publicaron en el 2004. Constituyen
un libro de 783 páginas con las intervenciones pronunciadas en
el congreso.
Algunos de los datos contenidos en las Actas del Simposio
ilustrados por el historiador Agostino Borromeo en el acto de
presentación:
"El Papa Gregorio IX (1227-1241) fue el primero en instituir
comisarios (inquisitores), «delegados de la Sede Apostólica con
la tarea de combatir la herejía en determinadas regiones». Con
el tiempo, el papado creó una organización estable hasta que se
abolió el último tribunal de estas características, el español,
en 1834".
La Inquisición en España es el tribunal más conocido. Celebró
entre los años
1540 y 1700, 44.674 juicios. Los acusados condenados a muerte
fueron del 1,8% y de ellos el 1,7% fueron condenados en
«contumacia», es decir, no pudieron ser ajusticiados por estar
en paradero desconocido y en su lugar se quemaba o ahorcaba a
muñecos. (Esto resulta en
aproximadamente 0,1% que de hecho murieron ajusticiados = 45
personas en 160 años).
Por lo que se refiere a las famosas «cacerías de brujas», el
historiador constató que los tribunales eclesiásticos fueron
mucho más indulgentes que los civiles. De los 125.000 procesos
de su historia, la Inquisición española condenó a la muerte a 59
«brujas». En Italia, añadió fueron 36 y en Portugal 4.
«Si sumamos estos datos no se llega ni siquiera a un centenar de
casos, contra las 50.000 personas condenadas a la hoguera, en su
mayoría por los tribunales civiles, en un total de unos cien mil
procesos (civiles y eclesiásticos) celebrados en toda Europa
durante la edad moderna».
Proporcionalmente, las matanzas de brujas más numerosas tuvieron
lugar en Suiza (se quemaron a 4.000 en una población aproximada
de un millón de habitantes); Polonia-Lituania (unas 10.000 en
una población de 3.400.000); Alemania (25.000 en una población
de 16.000.000) y Dinamarca-Noruega (unas 1.350 en una población
de 970.000).
Con el término Inquisición, explicó Borromeo, se designa al
conjunto de tribunales eclesiásticos que por expresa delegación
papal tenía jurisdicción para juzgar el delito de herejía.
Los primeros comisarios («inquisitores») fueron creados por el
Papa Gregorio IX (1227-1241) con el objetivo de combatir
herejías en determinadas regiones.
«Progresivamente, con el pasar el tiempo, el papado dotó a esta
institución de una organización propia, de una propia burocracia
y de normas propias (especialmente para los procesos) que dieron
un rostro específico a la Inquisición».
«Particularmente activa en los siglos XIII y XIV para combatir
los movimientos heréticos medievales (sobre todo los cátaros y
los valdenses), la Inquisición experimentará un descenso en su
actividad en el siglo XV».
«Pero experimentará una reanudación en los siglos XVI y XVII con
la fundación de los nuevos tribunales de la península ibérica
--cuya acción se orientó principalmente contra los pseudo-convertidos
del judaísmo y del islam) y con la creación del Santo Oficio
romano, concebido en un primer momento como instrumento de lucha
contra la difusión del protestantismo».
«Los tribunales fueron suprimidos entre la segunda mitad del
siglo XVIII y en las primeras décadas del siglo XIX». «El último
tribunal que desapareció fue el español, abolido en 1834».
Conocer la Verdad
para pedir perdón por los pecados.
Juan Pablo II
envió un mensaje con motivo de la presentación de las «Actas»
del Simposio Internacional sobre la Inquisición:
-«Es justo que la Iglesia asuma con una conciencia más viva el
pecado de sus hijos recordando todas las circunstancias en las
que, a lo largo de la historia, se han alejado del espíritu de
Cristo y de su Evangelio. En vez del testimonio de una vida
inspirada en los valores de la fe, los cristianos en ocasiones
han ofrecido el espectáculo de modos de pensar y actuar que eran
verdaderas formas de anti-testimonio y de escándalo».
Juan Pablo II añadió -«antes de pedir perdón es necesario
conocer exactamente los hechos y reconocer las carencias ante
las exigencias evangélicas en los casos en que sea así».
El papa recordó también las palabras del Concilio Vat II:
«La verdad sólo
se impone por la fuerza de la misma verdad, que penetra suave y
fuertemente en las almas» -Dignitatis humanae
(n.1).
El cardenal Cottier explicó que este estudio histórico sirve
para que los teólogos puedan tener elementos de respuesta a
preguntas como «¿Qué significa la paradoja: la Iglesia santa
comprende en su seno a los pecadores?, ¿Cuál es el sentido del
testimonio evangélico como dimensión de la existencia cristiana
y de los comportamientos antitéticos de anti-testimonio y de
escándalo?». «Es obvio que una petición de perdón sólo puede
afectar a hechos verdaderos y reconocidos objetivamente. No se
pide perdón por algunas imágenes difundidas a la opinión
pública, que forman parte más del mito que de la realidad».
Afortunadamente, el cristianismo tiene una doctrina buena,
cierta y definitiva que le permite rectificar la influencia del
mal que también afecta a sus miembros: El Evangelio.
Las inquisiciones de ayer y de hoy
-Padre Jordi Rivero
Jesús proclamó: "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de
la justicia,
porque ellos serán saciados" -Mateo 5,6. La Iglesia siempre ha
inspirado este hambre por la justicia y bajo su influencia se
han dado los avances más extraordinarios a favor de los
derechos humanos. Los enemigos de la Iglesia, sin embargo, sólo
ven los pecados de los hijos de la Iglesia y han creado una
leyenda negra en torno a la Inquisición, distorsionando
gravemente la historia.
La Iglesia es muchísimo más
que Inquisición y los inquisidores son muchísimos más
que los de la Iglesia.
Para apreciar la realidad de las cosas hay que ver el cuadro
completo y con perspectiva.
Mientras existían los tribunales de la Inquisición, eran
muchísimos más los hombres y mujeres que entregaron su vida
sirviendo al prójimo, haciendo obras de misericordia.
Durante la época de la Inquisición había en la Iglesia multitud
de creyentes, tanto laicos como religiosos, y clero que con
sinceridad buscaban vivir el Evangelio. La Iglesia tenía
infinidad de hospitales, escuelas y casas para niños, ancianos y
pobres... Las comunidades mendicantes de San Francisco, Santo
Domingo y muchas otras llevaban la Buena Nueva hasta los
confines del mundo... Muchos católicos, tanto laicos como
miembros del clero lucharon para propagar el Evangelio que es
amor, paz y justicia en Cristo. Esta es la gracia de Dios, esta
es la misión de la Iglesia. ¿Se honra a la Iglesia por todo
esto?
¿Por qué se señala a la Iglesia?
La justicia exige que se analice la historia con objetividad.
Las injusticias siempre han existido y existirán. Siempre habrá
que combatirlas, sea quien sea el que las cometa. Pero cuando se
acusa exclusivamente a la Iglesia por un mal que todos
cometieron en la época no se sirve a la justicia sino a la
difamación.
La quema de brujas y los tribunales al estilo de la Inquisición
también existían en los países no católicos (ver datos arriba).
La mayoría de la quema de brujas fue obra de tribunales
civiles. De hecho, los tribunales católicos fueron muchísimo más
indulgentes que los civiles. Sin embargo sólo se acusa a la
Iglesia y sólo la Iglesia pide perdón.
El Papa dice al respecto:
La distinción entre el auténtico «sensus fidei» y la mentalidad
dominante en una determinada época, que puede haber influido en
su opinión.
Hay que recurrir al «sensus fidei» para encontrar los criterios
de un juicio justo sobre el pasado de la vida de la Iglesia.
Este discernimiento es posible precisamente porque con el paso
del tiempo la Iglesia, guiada por el Espíritu Santo, percibe con
conciencia cada vez más viva cuáles son las exigencias de su
conformación con el Esposo. De este modo, el Concilio Vaticano
II ha querido expresar la «regla de oro» que orienta la defensa
de la verdad, tarea que corresponde a la misión del Magisterio:
«la verdad no se impone de otra manera sino por la fuerza de la
misma verdad, que penetra suave y fuertemente en las almas» (Dignitatis
humanae. -Juan Pablo II, Al publicarse las Actas del Simposio
Internacional "la Inquisición", 15, Junio, 2004.
Una mentira repetida constantemente llega a creerse.
El ataque incesante contra la Iglesia Católica ha creado una
radical distorsión de la historia. Los pecados de la Inquisición
se han explotado sin análisis crítico hasta crear una caricatura
para fines propagandísticos anticatólicos. Las historias que
circulan sobre la Inquisición hacen ver a la Iglesia como si no
hubiese en ella más que una gigante Inquisición, causante de
todos los crímenes de la historia. Un ejemplo es el siguiente
párrafo referente a la Edad Media que tomé de una de
las páginas anticatólicas del Internet:
La Edad de la Oscuridad comenzó. El progreso de la
civilización humana de repente se detuvo. No hubo
acontecimientos de importancia histórica por casi 1000
años. Europa sufrió la plaga negra, la supresión religiosa,
los herejes y paganos eran perseguidos por los cazadores de
brujas de la Inquisición. La tortura y el genocidio fueron
la única respuesta para cualquiera que cuestionara la ley.
Esta es la gran mentira que no debemos aceptar porque se trata
de exageraciones y generalizaciones absurdas. Las mentiras se
han repetido tanto que la mayoría las cree como si fuesen hechos
históricos.
Para juzgar el pasado hay que conocer la historia y no
manipularla o sacarla fuera de contexto.
Uno de los casos que con frecuencia se utilizan como paradigma
de los horrores de la Inquisición es el famoso juicio contra
Galileo.
Recientemente
recibimos un e-mail reprochando a la Iglesia por haber
"torturado y ahogado a Galileo en la época medieval". Esta
acusación, sin embargo, contiene
tres
errores de base: 1-Galileo no vivió en los tiempos medievales,
2- Galileo no fue torturado, 3- Galileo no fue ahogado ni murió
violentamente sino que murió de
muerte natural a la edad de
76 años en su casa.
Una cosa es criticar los errores y otra es exagerarlos y
generalizarlos
con el fin de agredir. Es cierto que en el caso de Galileo se
cometieron injusticias (reconocidas por la Iglesia ya desde el
siglo XVIII),
pero los hechos fueron muy diferentes al mito que se ha creado.
La historia de Galileo es muy compleja.
Galileo
tenía amigos y enemigos en la jerarquía. Entre sus grandes
amigos estaba el Cardenal Roberto Belarmino. Galileo
fue tan
católico como sus opositores.
También
tenía grandes enemigos entre los científicos de su época, los
cuales le provocaron grandes problemas. Pero a nadie se le
ocurre culpar a la ciencia por eso.
Por su parte Galileo cometió también serios errores.
Ver:
Galileo.
Al delatar la leyenda negra no negamos que los hijos de la
Iglesia cometieran injusticias, ni la necesidad de pedir perdón.
La Iglesia pide perdón porque sus hijos han pecado. Si bien es
injusto crear una leyenda negra también sería injusto ignorar
los crímenes cometidos. La verdad se encuentra cuando nos
liberamos de prejuicios, cuando se estudia la historia con
objetividad, honestidad y mesura. De lo contrario se cae en el
mismo error que se pretende delatar. La Iglesia ha pedido perdón
pero hay quienes quieren manipular ese perdón como prueba de que
la leyenda negra es cierta, como una aceptación tácita de todas
las acusaciones tal como las proponen. Los siguientes pasajes
ilustran la posición de la Iglesia sobre el perdón:
La Iglesia, aun siendo santa por su incorporación a Cristo, no
se cansa de hacer penitencia: reconoce siempre como suyos,
delante de Dios y delante de los hombres, a los hijos pecadores.
Afirma al respecto la "Lumen gentium": "La Iglesia, abrazando en
su seno a los pecadores, es a la vez santa y siempre necesita de
purificación, y busca sin cesar la conversión y la renovación"»
-El cardenal Cottier al presentar las Actas del Simposio "La
Inquisición", 15 junio, 2004.
El Magisterio eclesial no puede evidentemente proponerse la
realización de un acto de naturaleza ética, como es la petición
de perdón, sin haberse informado previamente de un modo exacto
acerca de la situación de aquel tiempo. Ni siquiera puede
tampoco apoyarse en las imágenes del pasado transmitidas por la
opinión pública, pues se encuentran a menudo sobrecargadas por
una emotividad pasional que impide una diagnosis serena y
objetiva... Esa es la razón por la que el primer paso debe
consistir en interrogar a los historiadores, a los cuales no se
les pide un juicio de naturaleza ética, que rebasaría el ámbito
de sus competencias, sino que ofrezcan su ayuda para la
reconstrucción más precisa posible de los acontecimientos, de
las costumbres, de las mentalidades de entonces, a la luz del
contexto histórico de la época -Documento:
Memoria y reconciliación
Los actuales perseguidores de la iglesia me recuerdan como los
Nazis acusaban a los judíos de ser los causantes de todas las
miserias de Alemania. Cuando
se respondía a esas acusaciones, los Nazis proporcionaban
algunos ejemplos reales, inventados o exagerados. Así el pueblo
fue preparado para el holocausto.
¿Es
cierto que los judíos cometieron crímenes? Sí, es cierto. Pero
no más
que los cometidos por los demás alemanes.
El
hecho es que todas
las etnias han cometido crímenes. ¿Cuando
un judío cometía un crimen, acaso era por culpa de su religión?
No. No era el judaísmo el causante de los crímenes, ni eran los
crímenes de los judíos diferentes a los de cualquier otro grupo.
Pero la propaganda Nazi creó una imagen nefasta de los judíos
saturando los medios de comunicación con historias de crímenes
cometidos por ellos. Se creó así una imagen de los judíos que
parecía imposible cuestionar. Todo
el mundo "sabía" cómo eran los judíos.
Al defender a los judíos, ¿se estaría negando que algunos
cometieron crímenes?, ¿se estaría minimizando el mal?. No. Más
bien se estaría haciendo justicia,
poniendo las cosas en contexto y proporción.
Dios quiera que todos luchemos contra el crimen, que nunca se
justifique un solo abuso contra un ser humano.
Al
mismo tiempo debemos combatir toda demagogia y manipulación de
datos utilizados para crear una falsa imagen de una raza o
grupo. Este tipo de injusticia abre las puertas al odio y la
agresión.
El pecado no es propio de la naturaleza de la Iglesia.
Es necesario saber distinguir entre la naturaleza y el
accidente.
Por ejemplo: La maternidad
es un hermoso don de Dios, su naturaleza es muy buena. Es cierto
que hay muchas madres que cometen graves delitos contra sus
hijos. No por eso deja de ser buena la maternidad y al
defenderla no estaríamos justificando los delitos, al contrario,
el mal se comprende mejor cuando se tiene conocimiento de cómo
las cosas deberían ser. La
prostitución, sin embargo, es mala en su propia
naturaleza. Su razón de ser en sí misma es contraria a la
dignidad humana. No por eso arremetemos contra las prostitutas
para apedrearlas. Pero si quisiéramos ayudarles a salir de esa
opresión.
La Iglesia católica es madre pero sus hijos son seres humanos.
Ya desde el principio aparece la traición de Judas. Jesús mismo
advirtió: "¡Ay del mundo por los escándalos! Es forzoso,
ciertamente, que vengan escándalos, pero ¡ay de aquel hombre por
quien el escándalo viene!" Mateo 18,7. También el Evangelio nos
habla de la cizaña que el enemigo planta entre el trigo (la
Iglesia) Cf Mt. 13,25-40. Esta cizaña daña a los hijos y a la
misión de la Iglesia, pero no es parte de su naturaleza. Es como
un cáncer en el cuerpo. Cuando sus hijos pecan, aunque estos
sean de la jerarquía, es precisamente por no vivir según su
Evangelio, por no ser consecuentes con su vocación bautismal de
ser Iglesia.
Obviamente Jesús no justifica el pecado, pero nos advierte que
aún en la Iglesia somos vulnerables y siempre habrá buen fruto y
cizaña creciendo juntamente (Cf Mt 13:25-40). ¿Es la Iglesia la
causante de la cizaña?. No. Su doctrina y su gracia no fomentan
cizaña alguna. Es el enemigo, el que opera en el mundo, quien
penetra y la siembra. Ciertamente debemos de renunciar al
pecado y sacarlo de entre nosotros. No podemos justificarlo.
Ciertamente los católicos son influenciados por el mundo y caen
muchas veces en lo mismo que hace el mundo. Pero ¡mucho cuidado
de no condenar a la madre buena por lo que hacen los hijos
réprobos!.
La Iglesia es santa por su naturaleza, santa en virtud de su
Cabeza que es Cristo.
La Iglesia es Su Cuerpo Místico. En ella se encuentran todos los
medios para la santidad. Su doctrina es santa. De ella recibimos
la gracia para vivir el amor y el perdón. El pecado de sus
miembros no resta verdad a lo dicho. Sólo demuestra que ellos no
supieron vivir a la altura de su vocación. Los que quieren ver
pueden descubrir en la multitud de santos los efectos de la
gracia que la Iglesia comunica a aquellos que la saben recibir.
La iglesia, a través de los siglos, ha sido el principal agente
en la toma de conciencia sobre los derechos humanos y en los
esfuerzos por su implementación.
La Iglesia se ha dedicado a través de los siglos a enseñar el
camino del amor divino que recibe de Cristo. Multitudes de
hombres, mujeres y niños se han entregado a servir a Dios y a
sus hermanos inspirados y fortalecidos como miembros de la
Iglesia.
¿Qué hacemos hoy día?
¿Qué diremos de nuestro siglo? La Inquisición se queda muy
pequeña en comparación con los genocidios de nuestro
tiempo. ¿Cómo podemos reclamarle a los que vivieron en otro
siglo por sus crímenes si nosotros mismos aceptamos la masacre
actual de millones de niños inocentes?.
Conclusión
Reflexionar sobre los males del pasado, dentro y fuera de la
Iglesia, nos debería ayudar a valorar más la verdad eterna de la
doctrina de la Iglesia que brilla ante la razón y nos reta a
buscar nuestra propia conversión y a luchar por eliminar las
atrocidades de hoy día.
Aún desde un punto de vista puramente humano, podemos constatar
cuánto necesitamos a la Iglesia, pues ¿quién es hoy día la voz
que clama por los no nacidos, los ancianos, los inmigrantes, los
presos, por los que no tienen voz?
-Padre Jordi Rivero
Ver también la verdad sobre la
Caza de
Brujas
Entrevista de Zenit con el Padre Georges Cottier, organizador del reciente Simposio
-Vaticano; 9 de Noviembre 1998 (Zenit).
«La gran
debilidad de la Inquisición consiste en haber querido
defender la verdad con medios violentos». Este es el
sintético juicio del padre Georges Cottier, teólogo de
la Casa Pontificia y organizador del Simposio
internacional sobre la Inquisición que se celebró en
los últimos días de octubre en el Vaticano.
«La historia de la inquisición no es la historia de
la Iglesia. La Iglesia es santa y da siempre frutos
de santidad. Pero con esto no quiero decir que la Iglesia
esté compuesta sólo de hombres santos, sino que produce
frutos de santidad, en cada generación, también en
nuestra época. La inquisición ha sido una institución
eclesiástica y temporal que ha tenido ciertamente
grandes defectos con sus consiguientes efectos negativos,
pero éste no es el camino de la Iglesia. La Iglesia,
como esposa y cuerpo de Cristo, tiene que gozar de toda
nuestra confianza y, cuando hace penitencia, como indica
Juan Pablo II en la carta apostólica "Tertio
Millennio Adveniente", está cumpliendo un acto de
lealtad y valentía que nos da nuevas fuerzas para
afrontar el presente y el futuro».
--Zenit: ¿Cuáles son las novedades que han emergido
en el Simposio?
--Georges Cottier: No podemos hablar de auténticas
novedades, en parte porque los historiadores presentes
trabajan sobre este argumento desde hace muchos años. El
encuentro ha servido para aprender los unos de los
otros. Se ha discutido mucho sobre la
interpretación de algunos hechos concretos. Por ejemplo,
se constató que no existe claridad en el recuento de los
números de las víctimas de la Inquisición y mucho
menos en su interpretación. Nuestra información tiene
todavía muchos puntos que deben seguir siendo
investigados. Muchos archivos fueron destruídos, otros no
se han estudiado suficientemente y el archivo del Santo
Oficio acaba de ser abierto. Sin embargo, a pesar de las
dificultades, alcanzamos un consenso en puntos realmente
importantes.
--Zenit: Una cierta historiografía dibuja a la
Inquisición con los colores de la tortura y el calor de
las hogueras. Por el contrario, algunos expertos
cristianos defienden la utilidad que tenían estos
tribunales. Usted, ¿qué piensa?
--Georges Cottier: La interpretación de los hechos
que afectan a la historia de la Inquisición es muy
controvertida. El análisis histórico tiene que tener en
cuenta el contexto en el que tuvieron lugar los hechos.
Algunos de los procedimientos atribuídos a la
Inquisición, por ejemplo, eran los mismos que utilizaban
los tribunales civiles. Incluso el procedimiento del
proceso era el mismo. Muchos procesos terminaron con el
reconocimiento de la inocencia del imputado y la pena
para los condenados no era siempre la ejecución capital.
El porcentaje de condenas a muerte fue inferior a lo que
normalmente se piensa. Pero se trata de un problema de
principio. Aunque hubiera habido poca gente condenada a
muerte injustamente, el problema sigue en pie. Las
comparaciones cuantitativas me causan repugnancia, pues
no afrontan el verdadero problema.
Por lo que se refiere a la interpretación de la
Inquisición, se trata de un problema más teológico que
histórico, aunque es cierto que el argumento histórico
tiene que ser profundizado, pues no se puede hablar de
este tribunal sin conocer la verdad de los hechos. Desde
el punto de vista teológico, se han identificado
algunas pistas de reflexión. El padre Juan Miguel
Garrigues ha insistido en que la Inquisición, en sus
raíces doctrinales, es un problema que nace ya con San
Agustín en su disputa contra los donatistas. Ya en aquel
entonces Agustín pidió ayuda al brazo secular pues en
aquel momento el imperio se había hecho oficialmente
cristiano. Esto significa que no se puede entender la
Inquisición sin la idea histórica de cristiandad, que
es una forma de sociedad civil y política en la que
todos los miembros están comprometidos en la profesión
de la fe cristiana. En la Inquisición nos encontramos
ante la defensa de la fe como protección de la Iglesia y
también como elemento cultural que une
al pueblo. Por ejemplo, no se puede entender la historia
de la Inquisición española fuera de esta lógica. Sólo
cuando se hace un esfuerzo por pensar como razonaban las
personas de aquel tiempo es posible comprender por qué
tanta gente excelsa y de gran fe no experimentó los
interrogantes que planteaba esta institución.
Es verdad que en nuestro siglo se han dado genocidios,
pero esto no quiere decir que podemos analizar la
Inquisición sin remordimientos.
--Zenit: A la edad moderna le gusta ponerse la
etiqueta de «edad de los derechos» y, por ello, critica
severamente a la Inquisición. ¿Cómo es posible
analizar con los ojos de hoy lo que sucedió en la
historia pasada?
--Georges Cottier: Hoy vivimos en una sociedad
pluralista en la que la distinción entre poder temporal
y espiritual es mucho más clara que en el pasado y esto
representa un gran cambio. A partir de esta
consideración, hay que hacer una reflexión teológica.
La conciencia moral cristiana se afina con el avanzar de
la historia. No estoy diciendo que los cristianos son
mejores hoy que antes, pues quizá hay más pecadores
ahora que en el pasado --sólo Dios lo sabe--. Pero, como
ha sancionado el Concilio Vaticano II y la carta «Tertio
Millennio Adveniente», «la verdad se defiende con las
armas de la verdad» y esto representa un progreso enorme
para la conciencia cristiana.
Basta pensar, por ejemplo, en el debate actual sobre
la pena de muerte. Al inicio de este siglo, la pena de
muerte era algo comúnmente aceptado, ahora, por el
contrario, su práctica es causa de auténticos problemas
para la conciencia de los cristianos. Esto demuestra que
pueden nacer exigencias más rigurosas en la conciencia
cristiana. De este modo, se puede entender cómo ciertos
actos, que no fueron percibidos como un mal moral en una
época, son vistos hoy como inaceptables.
Pero quisiera añadir que la realidad moderna es
paradójica. Hoy día vemos cómo muchas personas
critican las prácticas violentas de la Inquisición, y
cómo luchan contra la pena de muerte, pero al mismo
tiempo asistimos a la
liberalización del aborto y de la eutanasia. De este
modo, constatamos que el progreso de la conciencia no es
linear: se pueden dar pasos adelante en un campo y pasos
atrás en otro. Si, además, somos testigos de cómo
algunos sistemas totalitarios, en nombre de la «Razón
de Estado», no han dudado en cometer masacres y torturas
de masa, entonces comprenderemos la complejidad de la
historia. El hombre está llamado a la santidad, pero es
pecador y el pecado forma parte de la historia.
--Zenit: Tomás de Torquemada es descrito como un
inquisidor cruel y torturador. Pero, ¿fue realmente
así? ¿Qué responde ante el hecho de que algunos
inquisidores fueron canonizados?
--Georges Cottier: Hay santos inquisidores, pues
vivieron la caridad perfecta, sin participar en las
malicias morales de estas prácticas. Es conocido, por
ejemplo, el carácter severo de la Inquisición romana
bajo el gobierno del Papa Pío V. Además, no hay que
confundir la estructura represiva de la Inquisición con
la figura de algunos inquisidores, cuya tarea consistía
en identificar a los herejes y convertirles. Los santos
viven la vida evangélica, incluso aquellos que aceptaron
la inquisición, vivieron según esta senda. Uno de ellos
fue, por ejemplo, San Pedro mártir de Verona, quien es
recordado en el calendario. Hay que tener en cuenta que,
en aquel entonces, no se percibía la incompatibilidad de
algunas prácticas con la difusión del Evangelio. La
violencia ha abierto siempre
las puertas a períodos oscuros, especialmente cuando el
poder civil ha tomado en su mano la cuestión de la
represión de los herejes.
Por lo que se refiere a Torquemada, hay que decir que
era muy riguroso, pero la búsqueda del rigor en
ocasiones puede crear problemas. El afán obstinado por
perseguir el rigor de la virtud podría tener algo de
inhumano. Basta pensar, por ejemplo, en un hombre duro
como Calvino. Tenemos que rehabilitar la moderación que
forma parte de la virtud de la prudencia en la lucha
contra el vicio. A veces el rigor puede ser exagerado,
para convertirse un tipo de celo que deja de ser
evangélico. No creo que Torquemada fuera un sádico.
Quizá se dieron casos graves, en especial cuando
utilizaba la tortura para obtener la confesión.
--Zenit: ¿Cuál es su opinión sobre la utilidad de
los resultados obtenidos en el simposio?
--Georges Cottier: El primer objetivo consiste en
preparar un dossier al Santo Padre. El Jubileo es un acto
de alegría, una alegría que nace del perdón de Dios.
Tenemos que pedir perdón también por algunos pecados
cometidos en la historia. Pero se corre el riesgo de
pedir perdón por hechos que nunca existieron. El Papa
habla de purificación de la memoria. Esto quiere decir
que tenemos que purificar nuestra imagen del pasado de
los errores que son promovidos por la propaganda. La idea
horrorosa de la Inquisición difundida entre la opinión
pública es seguramente exagerada. Por este motivo, hemos decidido escuchar a los historiadores para que nos digan
qué fue exactamente la Inquisición. La petición de
perdón debe formularse basándonos en la información
más exacta posible. Este era el objetivo fundamental del
Simposio y estamos contentos por los resultados
alcanzados.
--Zenit: ¿En qué medida estos resultados pueden ser
estímulo o freno para el diálogo ecuménico e
interreligioso?
--Georges Cottier: Creo que pueden ser un auténtico
estímulo a condición de que se trate de un auténtico
diálogo. La Iglesia no tiene miedo de la verdad y,
considerando que no puede haber diálogo sin dos
interlocutores, tenemos que esperar que la otra parte
muestre la misma disponibilidad. Esta es la primera
condición del diálogo. Por este motivo, la
investigación de la verdad histórica debería ayudar a
todas las partes interesadas en el diálogo. La
inquisición fue instituída por los católicos, pero la
pena de muerte fue aplicada por otros muchos sistemas y
confesiones. De todos modos, estoy convencido de nuestra disponibilidad para descubrir la verdad.
Ver también:
Museo
de la Inquisición

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