
Exorcismo
Ver también: Demonio |
Posesión
El Papa
recuerda la importancia del exorcismo
El Exorcismo, según el
cardenal Medina
El
Rito de los Exorcismos
-Anuncio de publicación del decreto, 1998.
Oraciones de
liberación:
Nota: solo un sacerdote autorizado por su obispo puede hacer
exorcizar, pero los laicos pueden con prudencia orar por liberación
privadamente según las siguientes oraciones:
Súplicas que pueden
utilizar privadamente los fieles vs. el poder de las tinieblas
Oraciones de
liberación del Padre Amorth
-El Ateneo Pontificio «Regina Apostolorum» (www.upra.org)
ofrece el curso «Exorcismo y oración de liberación»
El exorcismo es una antigua y
particular forma de oración que hace un ministro ordenado de la Iglesia,
en nombre de Jesucristo y por el poder que Jesucristo ha
otorgado a su Iglesia para liberar del poder de Satanás,
demonio. Por lo tanto no es oración
personal sino de la Iglesia.
El Catecismo
#1673: "Cuando la Iglesia pide públicamente y con
autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto
sea protegido contra las asechanzas del maligno y sustraída a su
dominio, se habla de exorcismo. Jesús lo practicó (Mc 1,25 ss),
de El tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar".
Los exorcismos pueden ser
simples o solemnes.
El exorcismo simple se reza en el rito del bautismo.
El exorcismo solemne es un
sacramental que sólo puede ser válidamente celebrado por
un sacerdote con el permiso del Ordinario (obispo) del
lugar. El obispo da permiso al sacerdote para cada caso o puede,
con el permiso de la Santa Sede, formalmente otorgar a un
sacerdote el oficio de exorcista. En ese caso el sacerdote está
facultado para exorcizar y no necesita un permiso particular
para cada caso.
Solo el exorcista con la debida licencia puede verificar la
verdadera posesión diabólica. Es un proceso difícil en el que se
deben descartar causas naturales.
Según el Padre Amorth,
exorcista de Roma, el poder de expulsar demonios que Jesús
confirió a todos los creyentes conserva toda validez. Es un
poder general basado en la fe y en la oración, y puede ser
ejercido por individuos o comunidades sin ninguna autorización.
Sin embargo, en este caso, se trata de plegarias de
liberación, y no se deben llamar exorcismos. Sólo al
sacerdote autorizado, además de al obispo exorcizante,
corresponde el nombre de exorcista. "Habla un Exorcista",
Planeta + Testimonio, pag. 43-44.
En algunas diócesis hay laicos que
han sido preparados para el ministerio de liberación (no exorcismo)
bajo la dirección de un sacerdote. La liberación es oración para
liberar de la opresión del demonio pero sin utilizar el rito de
exorcismo. Nadie debe ejercer este ministerio sin autorización de la
Iglesia.
Jesús vino a liberarnos del
poder de Satanás y darnos la gracia de ser hijos de Dios.
Jesús le increpó y el
demonio salió de él; y quedó sano el niño desde aquel momento.
Mateo 17,18
Jesús impartió su poder liberador a
sus discípulos para que ellos y sus sucesores continuaran la misión
de liberación y exorcismo en su nombre. Por lo tanto el protagonista
en el exorcismo es Dios a través de su ministro y no el demonio.
El les dijo: «Yo veía a Satanás
caer del cielo como un rayo. Mirad, os he dado el poder de
pisar sobre serpientes y escorpiones, y sobre todo poder del
enemigo, y nada os podrá hacer daño» Lucas 10,18-19
El exorcista ante todo
busca llevar la persona atribulada a un encuentro
con Jesús. Para ello es necesario apertura a los canales de
gracia en la Iglesia: la confesión, la eucaristía, la meditación de
la Palabra, la comunidad, la catequesis... Es un camino de fe
en al que se invita también a la familia Cf. Mc 9, 14-29.
Necesidad de diagnóstico y
la prudencia
El Padre Gramolazzo comenta:
Actualmente muchos viven una fe supersticiosa o de superstición y
muchos tienden a no hacerse responsables, no saben afrontar el
sufrimiento y atribuyen todo trastorno físico o espiritual a la
acción del demonio. Pero frecuentemente el remedio es una verdadera
y sincera confesión. Cuando en cambio se percibe aversión a lo
sagrado, enfermedades desconocidas o incluso síntomas difíciles de
identificar, es posible que sea necesario el exorcismo. La presencia
demoníaca de cualquier forma hay que diagnosticarla en cada caso. En
cambio debería haber más dedicación a la ascesis, a la oración, a la
penitencia. La mentalidad popular ha exagerado los poderes de
Satanás, que son los de un ángel común.
En la vida diaria para defenderse
del mal basta con ser coherentes con el Evangelio, no tener
miedo de testimoniar la propia fe y cuidar la propia relación con
Dios. A veces es Dios mismo quien permite que algunos sean vejados u
obsesionados; piénsese en algunos santos. Pero en estos casos nos
hallamos ante planes divinos para nosotros impenetrables.
Juan Pablo II recuerda
la importancia del exorcismo
El Padre Amorth,
exorcista oficial de Roma, se lamenta de que por tres siglos, los
exorcismos fueron casi abandonados por la Iglesia. Juan Pablo II, ha
vuelto a recordar la importancia de estos. Durante la audiencia pública
del 3 de Junio de 1998, El Papa Juan Pablo II habló de los deberes del
exorcista y en 1999 se publicó el rito de exorcismo que remplaza al del 1614.
El
Papa, según el Padre Amorth, ha hecho al menos dos exorcismos durante su
pontificado. El primer caso fue en abril del 1982, el segundo durante el
año jubilar. Ambos casos se tratan de personas no identificadas que
manifestaron señales de posesión durante una audiencia con el Papa. El
mas tarde las rezó las oraciones del exorcismo por ellas en privado.
El Exorcismo, según el
Cardenal Medina
La Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de
los Sacramentos, presentó el nuevo rito de exorcismos en
enero del 1999. El prefecto de dicha congregación, el
Cardenal Medina, enseñó en dicha ocasión los
siguientes puntos (todas las citas son del mismo
cardenal o según indicado)
Según el Cardenal
Jorge Medina Estevez, el nuevo ritual es una
edición actualizada de la versión del texto de 1614.
Añadió que las oraciones oficiales reconocían la
realidad del demonio "en su forma substancial, como el maligno, el
enemigo de Dios".
¿QUÉ
ES EL EXORCISMO?: "El exorcismo es una antigua y
particular forma de oración que la Iglesia emplea contra
el poder del diablo".
Catecismo #1673:
"Cuando la Iglesia pide públicamente y con
autoridad, en nombre de Jesucristo, que una persona o
un objeto sea protegido contra las asechanzas del
maligno y sustraída a su dominio, se habla de
exorcismo. Jesús lo practicó (cf. Mc 1:25s), de El
tiene la Iglesia el poder y el oficio de exorcizar.
(cf. Mc 3:15; 6:7.13; 16:17). En forma simple, el
exorcismo tiene lugar en la celebración del
Bautismo. El exorcismo solemne sólo puede ser
practicado por un sacerdote y con el permiso del
obispo. En estos casos es preciso proceder con
prudencia, observando estrictamente las reglas
establecidas por la Iglesia. El exorcismo intenta
expulsar a los demonios o liberar del dominio
demoníaco gracias a la autoridad espiritual que
Jesús ha confiado a su Iglesia."
"Muy distinto es el caso de las enfermedades,
sobre todo psíquicas, cuyo cuidado pertenece a la
ciencia médica. Por tanto, es importante asegurarse,
antes de celebrar el exorcismo, de que se trata de
una presencia del Maligno y no de una
enfermedad." (cf. CIC can. 1172).
En
que se fundamenta: El exorcismo tiene como punto
de partida la fe de la Iglesia, según la cual existen
Satanás y los otros espíritus malignos. La doctrina
católica nos enseña que los demonios son ángeles
caídos a causa de sus pecados, que son seres
espirituales de gran inteligencia y poder".
¿Por qué
hace falta?: La capacidad del hombre de acoger a
Dios "es ofuscada por el pecado, y a veces el mal
ocupa el puesto en el que Dios quiere vivir. Por eso,
Jesucristo ha venido a liberar al hombre del dominio del
mal y del pecado. (...) Jesucristo expulsaba los demonios
y liberaba a los hombres de las posesiones de los
espíritus malignos para hacerse espacio en el
hombre".
¿Cuánto
poder tiene Satanás? "El poder de Satanás
no es infinito", sin embargo el que Dios permita que
seamos tentados "es un gran misterio".
¿Cómo
nos influencia el demonio? "El influjo
nefasto del demonio y de sus secuaces es habitualmente
ejercitado por medio del engaño, la mentira y la
confusión. Así como Jesús es la Verdad, el
diablo es el mentiroso por excelencia. Desde siempre,
desde el inicio, la mentira ha sido su estrategia
preferida".
¿Ha cambiado
la doctrina de la Iglesia sobre el exorcismo? No
ha cambiado. Solo han habido algunos cambios en el
lenguaje del rito. "Entre el rito anterior y el
nuevo hay una gran continuidad; no existe un cambio
radical. El lenguaje es más sobrio; hay menos adjetivos,
pero la expresión de la fe en el poder de Dios para
expulsar al demonio es la misma en ambos casos".
Criterios
para discernir posesión diabólica según el nuevo
ritual del exorcismo.
La principal es:
-Aversión vehemente hacia Dios, la Virgen, los
Santos, la cruz y las imágenes sagradas.
Junto con esta pueden darse otros fenómenos que
por si solos podrían ser don de Dios pero en el caso
de posesión se manifiestan para el mal:
-El hablar con muchas palabras de lenguas
desconocidas o entenderlas.
-Hacer presentes cosas distantes o escondidas.
-Demostrar más fuerzas de lo normal.
¿Puede
el demonio tener influencia sobre lugares, objetos y
personas? Si. Esta realidad se reconoce en el
ritual de exorcismos.
¿Hay
diferentes formas de influencia demoníaca además de la
posesión? Si. En el presente ritual se
encuentran el rito el exorcismo propiamente dicho y las
oraciones que hay que recitar públicamente cuando se
juzga prudentemente que existe una influencia de Satanás
sobre lugares, objetos o personas, sin llegar a la fase
de una posesión verdadera y propia. Además, existe una
serie de oraciones que los fieles deben rezar
privadamente cuando tienen fundadas sospechas de que son
sometidos a influencias diabólicas.
¿Quién
puede practicar el exorcismo? En la pregunta
anterior vimos que el nuevo ritual contiene oraciones que
los fieles pueden rezar cuando están sometidos a
influencias diabólicas. Sin embargo, "Para
practicar el exorcismo es necesaria la autorización del
obispo diocesano, que puede ser concedida para un caso
específico o de un modo general y permanente al
sacerdote que ejercita el ministerio de exorcista en la
diócesis".
¿Por
qué un nuevo ritual? En el último capítulo
del ritual romano se ilustraban las indicaciones y el
texto litúrgico de los exorcismos, pero se quedó sin
ser revisado después del Concilio Vaticano II. Tras un
trabajo de 10 años, en enero de 1999 se hizo oficial el
texto actual aprobado por el Pontífice.
EL RITO DE
EXORCISMO
-Publicado por el
Vaticano en Enero de 1999
CONGREGACION DEL
CULTO DIVINO Y DISCIPLINA DE LOS SACRAMENTOS Prot. N. 1280 / 98 / L
DECRETO
La Iglesia obediente a la oración del Padre Nuestro, ya desde tiempos
antiguos proveyó con misericordia entre los sacramentales el que por
piadosas oraciones dirigidas a Dios se buscara que los cristianos fueran
liberados de diversos peligros y especialmente de las asechanzas del
demonio. De una manera muy especial instituyó exorcistas en la Iglesia,
los que, imitando la caridad de Cristo, pusieran remedio a las
posesiones del maligno, incluso ordenando en nombre de Dios a los
demonios para que se fueran y no dañaran por cualquier razón a los
hombres por más tiempo.
Pareció oportuno en nuestros tiempos revisar las normas tradicionales y
las oraciones y también los modelos del título XII del Ritual Romano, a
fin de que los ritos respondieran a los decretos de la Constitución
Sacrosanctum Concilium de Concilio Vaticano II, y especialmente el
artículo 79.
Por lo tanto este ritual de Exorcismos ha sido renovado y aprobado por
el Sumo Pontífice Juan Pablo II el día 1 de Octubre de 1998, y esta
Congregación lo promulga para que sustituya a las normas y modelos que
hasta hoy había en el título XII del Ritual Romano.
Tan pronto vea la luz la edición la pueden utilizar todos aquellos a los
que según el derecho compete usarla. No obstante cuiden las Conferencias
Episcopales que las ediciones en lengua vernácula preparadas para el
Ritual y adaptadas a las normas del derecho, se remitan a la Santa Sede
para su aprobación.
Quedando anulado todo lo pudiese haber en contra.
De los magistrados de la Congregación del Culto Divino y Disciplina del
los Sacramentos, día 22 de Noviembre de 1998, en la solemnidad de
nuestro Sr. Jesucristo Rey Universal.
Georgius Card. MEDINA ESTEVEZ
Prefecto
Gerardus M. Agnelo
Archiep. A Secretis
Presentación
oficial del cardenal Medina Estévez,
prefecto de la Congregación para el culto divino y la
disciplina de los sacramentos
en la sala de Prensa de la Santa Sede
Martes 26 de enero de 1999
Para poder entender qué es el exorcismo, se debe partir de Jesús y de su
misma praxis.
Jesucristo vino al mundo y a los hombres para anunciar e inaugurar el
reino de Dios. Los hombres poseen una innata capacidad para recibir a
Dios en su corazón (cf. Rm 5, 5). Sin embargo, esta capacidad para
acoger a Dios es ofuscada por el pecado, y en algunas ocasiones el mal
ocupa en el hombre el puesto que sólo le corresponde a Dios. Por ello,
Jesucristo vino a liberar al hombre del mal y del pecado, y también de
todas las formas de dominación del maligno, es decir, del diablo y de
sus espíritus malignos, llamados demonios, que quieren pervertir el
sentido de la vida del hombre. Por esta razón, Jesucristo expulsaba los
demonios y liberaba a los hombres de la posesión de los espíritus
malignos, para hallar cabida en el corazón del hombre y darle la
posibilidad de conseguir la libertad ante Dios, que quiere darle su
Espíritu Santo, para que se convierta en su templo vivo (cf. 1 Co 6, 19;
1 P 2, 5) y dirija sus pasos hacia el camino de la paz y de la salvación
(cf. Rm 8, 1-17; 1 Co 12, 1-11; Ga 5, 16-26).
La Iglesia está llamada a seguir a Jesucristo y ha recibido, de Cristo
mismo, el poder de continuar, en su nombre, su misión. De aquí que la
acción de Cristo para liberar al hombre del mal se ejercita a través del
servicio de la Iglesia y de sus ministros ordenados, delegados por el
obispo para cumplir los ritos sagrados dirigidos a librar a los hombres
de la posesión del maligno.
El exorcismo constituye una antigua y particular forma de oración que la
Iglesia emplea contra el poder del diablo. He aquí cómo explica el
Catecismo de la Iglesia católica en qué consiste el exorcismo y cómo se
lleva a cabo: «Cuando la Iglesia pide públicamente y con autoridad, en
nombre de Jesucristo, que una persona o un objeto sea protegido contra
la influencia del maligno y substraído a su dominio, se habla de
exorcismo. Jesús lo practicó (cf. Mc 1, 25 ss); de él deriva a la
Iglesia el poder y la tarea de exorcizar (cf. Mc 3, 15; 6, 7. 13; 16,
17). De una manera simple, el exorcismo se practica durante la
celebración del bautismo. El exorcismo solemne, llamado «gran
exorcismo», puede ser practicado sólo por un presbítero y con el permiso
del obispo. En esta materia es necesario proceder con prudencia,
observando rigurosamente las normas establecidas por la Iglesia. El
exorcismo tiene como objeto expulsar a los demonios o liberar de la
influencia demoníaca, mediante la autoridad que Jesús ha dado a su
Iglesia. Muy diferente es el caso de enfermedades, sobre todo psíquicas,
cuya curación pertenece al campo de la ciencia médica. Es importante,
por lo tanto, asegurarse, antes de celebrar el exorcismo, que se trate
de una presencia del maligno y no de una enfermedad (cf. Código de
derecho canónico, c. 1172)» (Catecismo de la Iglesia católica, n. 1673).
La sagrada Escritura nos enseña que los espíritus malignos, enemigos de
Dios y del hombre, realizan su acción de modos diversos; entre éstos se
señala la obsesión diabólica, llamada también posesión diabólica. Sin
embargo, la obsesión diabólica no constituye la manera más frecuente
como el espíritu de las tinieblas ejerce su influjo. La obsesión tiene
características de espectacularidad; en ella el demonio se apropia, en
cierto modo, de las fuerzas y de la actividad física de la persona que
sufre la posesión. No obstante esto, el demonio no puede adueñarse de la
libre voluntad del sujeto, lo que impide el compromiso de la libre
voluntad del poseído, hasta el punto de hacerlo pecar. Sin embargo, la
violencia física que el diablo ejerce sobre el obseso constituye un
incentivo al pecado, que es lo que él quisiera obtener. El ritual del
exorcismo señala diversos criterios e indicios que permiten llegar, con
prudente certeza, a la convicción de que se está ante una posesión
diabólica. Es solamente entonces cuando el exorcista autorizado puede
realizar el solemne rito del exorcismo. Entre estos criterios indicados
se encuentran: el hablar con muchas palabras de lenguas desconocidas o
entenderlas; desvelar cosas escondidas o distantes; demostrar fuerzas
superiores a la propia condición física, y todo ello juntamente con una
aversión vehemente hacia Dios, la santísima Virgen, los santos, la cruz
y las sagradas imágenes.
Se subraya que para llevar a cabo el exorcismo es necesaria la
autorización del obispo diocesano. Autorización que puede ser concedida
para un caso específico o de un modo general y permanente al sacerdote
que ejerce en la diócesis el ministerio de exorcista.
El Ritual romano contenía, en un capítulo especial, las indicaciones y
el texto litúrgico de los exorcismos. Este capítulo era el último, y
había quedado sin ser revisado después del concilio Vaticano II. La
redacción final del Rito de los exorcismos ha requerido muchos estudios,
revisiones, renovaciones y modificaciones, consultas a las diversas
Conferencias episcopales; todo ello analizado por parte de una Asamblea
ordinaria de la Congregación para el culto divino. El trabajo ha costado
diez años de esfuerzos, dando como resultado el texto actual, aprobado
por el Sumo Pontífice, que hoy se hace público y se pone a disposición
de los pastores y de los fieles de la Iglesia. Resta, no obstante, un
trabajo que incumbe a las respectivas Conferencias episcopales: la
traducción de este Ritual a las lenguas habladas en sus respectivos
territorios. Estas traducciones deben ser exactas y fieles al original
latino, y deben ser sometidas, según la norma canónica, a la recognitio
de la Congregación para el culto divino.
En el Ritual que hoy presentamos se encuentra, sobre todo, el rito del
exorcismo propiamente dicho, que debe realizarse sobre la persona
obsesa. Siguen las oraciones que debe decir públicamente un sacerdote,
con el permiso del obispo, cuando se juzga prudentemente que existe un
influjo de Satanás sobre lugares, objetos o personas, sin llegar al
nivel de una posesión propiamente dicha. Contiene, además, una serie de
oraciones que pueden ser dichas privadamente por los fieles, cuando
sospechan con fundamento que están sujetos a influjos diabólicos.
El exorcismo tiene como punto de partida la fe de la Iglesia, según la
cual existen Satanás y los otros espíritus malignos, y que su actividad
consiste en alejar a los hombres del camino de la salvación. La doctrina
católica nos enseña que los demonios son ángeles caídos a causa del
propio pecado; que son seres espirituales con gran inteligencia y poder:
«El poder de Satanás, sin embargo, no es infinito. Éste no es sino una
criatura, poderosa por el hecho de ser espíritu puro, pero siempre
criatura: no puede impedir la edificación del reino de Dios. Aunque
Satanás actúe en el mundo por odio contra Dios y su reino en Cristo
Jesús, y su acción cause graves daños -de naturaleza espiritual e,
indirectamente, también de naturaleza física- a cada hombre y a la
sociedad, esta acción es permitida por la divina Providencia, que guía
la historia del hombre y del mundo con fuerza y suavidad. La permisión
por parte de Dios de la actividad diabólica constituye un misterio
grande, sin embargo ianosotros sabemos que Dios dispone todas las cosas
para el bien de los que lo amanlo (Rm 8, 28)» (Catecismo de la Iglesia
católica, n. 395).
Quisiera subrayar que el influjo nefasto del demonio y de sus secuaces
es habitualmente ejercitado a través del engaño, la mentira y la
confusión. Así como Jesús es la Verdad (cf. Jn 8, 44), el diablo es el
mentiroso por excelencia. Desde siempre, desde el inicio, la mentira ha
sido su estrategia preferida. No hay lugar a dudas de que el diablo
tiene la capacidad de atrapar a muchas personas en las redes de las
mentiras, pequeñas o grandes. Engaña a los hombres haciéndoles creer que
no tienen necesidad de Dios y que son autosuficientes, sin necesitar ni
la gracia ni la salvación. Logra engañar a los hombres amortiguando en
ellos, e incluso haciendo desaparecer, el sentido del pecado,
sustituyendo la ley de Dios como criterio de moralidad por las
costumbres o consensos de la mayoría. Persuade a los niños para que
crean que la mentira constituye una forma adecuada para resolver
diversos problemas, y de esta manera se forma entre los hombres, poco a
poco, una atmósfera de desconfianza y de sospecha. Detrás de las
mentiras, que llevan el sello del gran mentiroso, se desarrollan las
incertidumbres, las dudas, un mundo donde ya no existe ninguna seguridad
ni verdad, y en el cual reina, en cambio, el relativismo y la convicción
de que la libertad consiste en hacer lo que da la gana. De esta manera
no se logra entender que la verdadera libertad consiste en la
identificación con la voluntad de Dios, fuente del bien y de la única
felicidad posible.
La presencia del diablo y de su acción explica la advertencia del
Catecismo de la Iglesia católica: «La dramática condición del mundo que
"yace" todo él "bajo el poder del maligno" (1 Jn 5, 19), hace que la
vida del hombre sea una lucha: "Toda la historia humana se encuentra
envuelta en una tremenda lucha contra el poder de las tinieblas; lucha
que comenzó ya en el origen del mundo, y que durará, como dice el Señor,
hasta el último día. Inserto en esta batalla, el hombre debe combatir
sin descanso para poder mantenerse unido al bien; no puede conseguir su
unidad interior si no es al precio de grandes esfuerzos, con la ayuda de
la gracia de Dios" (Gaudium et spes, 37, 2)» (n. 409).
La Iglesia está segura de la victoria final de Cristo y, por tanto, no
se deja arrastrar por el miedo o por el pesimismo; al mismo tiempo, sin
embargo, es consciente de la acción del maligno, que trata de
desanimarnos y de sembrar la confusión. «Tengan confianza -dice el
Señor-; yo he vencido al mundo» (Jn 8, 33). En este marco encuentran su
justo lugar los exorcismos, expresión importante, pero no la única, de
la lucha contra el maligno.
Card. Jorge A. MEDINA ESTÉVEZ
Prefecto
PREFACIO
En todo el curso de la historia de la salvación se encuentran seres
angélicos, algunos que sirven al consejo divino y al misterio de la
Iglesia y dan continuamente una potente ayuda; pero sin embargo otros
caídos, y llamados diabólicos, se oponen a Dios, a su voluntad salvífica
y al cumplimiento de la misión de Cristo, intentando asociar al hombre a
la propia rebelión contra Dios.
En las Sagradas Escrituras, al Diablo y a los demonios se les dan
diversos nombres, entre los que algunos hacen referencia a su naturaleza
y otros a la actividad. El Diablo que se llama también Satanás, antigua
serpiente y dragón, es el que seduce a todo el universo y lucha contra
aquellos que cumplen los mandamientos de Dios y aceptan el testimonio de
Jesús (cf. Apoc 12,9.17). Desde el principio se le señala como
adversario de los hombres (1 Petr 5,8) y homicida (cf. Io 8,44); pues
por el pecado hizo al hombre sujeto a la muerte. Por el hecho de que con
sus insidias provoca al hombre para que desobedezca a Dios, este Malo se
llama Tentador (cf. Mt 4,3 et 26,36-44), mentiroso y padre de la mentira
(cf. Io 8,44), que obra sagaz y falsamente, como lo atestigua la
seducción de nuestros primeros padres (cf.Gen 3,4.13), el intento de
apartar a Jesús de la misión aceptada al Padre (cf. Mt 4,1-11; Mc 1,12;
Le 4,1-13) y su transfiguración en ángel de luz (cf. 2Cor 11, 14). Se
llama también príncipe de este mundo (cf. Io 12, 31:14, 30),
especialmente del mundo que ha sido dominado por el Maligno (1 Io 5, 19)
y no conoció la Luz verdadera (cf. Io 1, 9-10). Finalmente su poder es
declarado como poder de las tinieblas (cf. Lc 22, 53; Col 1, 13), puesto
que odia la Luz, que es Cristo, y lleva a los hombres a sus propias
tinieblas. Los Demonios verdaderamente aquellos que con el diablo no
reconocieron el principado de Dios, fueron declarados réprobos (cf. 2
Petr 2, 4) y forman la maldad espiritual (cf. Eph 6, 12), puesto que
hubieran sido creados espíritus que pecaron, y los ángeles son llamados
Satanás (cf. Mt 25, 41; 2Cor 12, 7; Apoc 12, 7.9), lo cual puede
significar también que les fue concebida una misión especial por el
príncipe maligno.
La victoria del Hijo de Dios destruyó (cf. 1 Io 3, 8) las obras de todos
estos espíritus inmundos, malos y seductores (cf. Mt 10, 1; Mc 5, 8; Lc
6, 18; 11,26, Act 8,7; 1Tim 4, 1; Apoc 18, 2). Aunque “invadió la
historia de todos los hombres una ardua batalla contra las potestades de
las tinieblas” “que durará hasta el final de los días”, Cristo por su
pascual misterio de muerte y resurrección “nos ha arrancado de la
servidumbre del diablo y del pecado” rompiendo su imperio y liberando
todas las cosas de los contagios malignos. Como pues la acción contraria
y destructora del Diablo y de los demonios afecte a las personas, cosas,
lugares y se agrupen de diverso modo, la Iglesia, siempre consciente de
que “los días son malos” (Eph 5, 16), oró y ora para que los hombres
sean liberados del demonio.
PRAENOTANDA
DE LA VICTORIA DE CRISTO Y LA AUTORIDAD DE LA IGLESIA CONTRA LOS
DEMONIOS
1. La Iglesia cree firmemente que hay un solo y verdadero Dios, Padre,
Hijo y Espíritu Santo, un solo principio de todas las cosas: creador de
todas las cosas “visibles e invisibles.” Y además; Dios cuida y gobierna
con su providencia todas las cosas que hizo (cf. Col 1, 16), y no hizo
nada que no fuera bueno. Hasta “los diablos y los otros demonios fueron
creados también por Dios buenos en cuanto a la naturaleza; pero ellos se
hicieron malos por sí mismos.” De donde ellos hubieren sido buenos si
hubiesen permanecido buenos como fueron hechos. Pero como usaron mal de
su extraordinaria naturaleza, y no permanecieron en la verdad (cf. Io 8,
44), no se convirtieron en una sustancia contraria (mala), sino que se
separaron del sumo Bien, al que se tenían que haber unido.
2. El hombre, pues, fue creado a imagen de Dios “en la justicia y la
santidad de verdad” (Eph 4,24) y su dignidad exige que elija con
libertad y según la conciencia. “Pero, con la persuasión diabólica,
abusó demasiado del don de la libertad. Por el pecado de la
desobediencia (cf. Gen 3; Rom 5, 12) bajo el poder del diablo, además de
que le hizo volver a la muerte, fue hecho siervo del pecado. Por eso se
estableció en la historia de los hombres una dura lucha cuerpo a cuerpo
contra las potestades de las tinieblas, que empezada en el origen del
mundo, bajo la dirección del Señor (cf. Mt 24, 13; 13, 24-30 y 36-43)
durara hasta el último día”.
3. El Padre todopoderoso y misericordioso envió al mundo a su Hijo amado
para sacar a los hombres de la potestad de las tinieblas, y llevarlos a
su reino. (cf. Gal 4, 5; Col 1, 13). Por lo que Cristo, primogénito de
toda criatura (Col 1, 15), renovando al viejo hombre, vistió la carne
del pecado, para destruir por la muerte a aquel que tenía el imperio de
la muerte, esto es, el diablo (Hebr 2, 14), y la herida naturaleza
humana, por la Pasión y Muerte de Jesucristo, constituirla en una nueva
criatura, con el don del Espíritu Santo.
4. El Señor Jesús, pues, en los días de su encarnación, habiendo vencido
las tentaciones en el desierto, (cf. Mt 4, 1-11; Mc 1, 12-13; Lc. 4,
1-13), con su autoridad expulsó a Satanás y a otros demonios,
imponiéndoles su divina voluntad (cf. Mt 12, 27-29; Lc 11, 19-20).
Haciendo bien y sanando a todos los opresos por el diablo (cf. Act 10,
38), manifestó su obra de salvación al liberar a los hombres del pecado,
de sus consecuencias y del autor del primer pecado, homicida desde el
principio y padre de la mentira (Io 8, 44).
5. Cuando vino la hora de las tinieblas, el Señor, “hecho obediente
hasta la muerte” (Phil 2, 8), por el poder de la Cruz repelió el
novísimo ímpetu del Satanás (cf. Lc 4,13; 33, 53), triunfando de la
soberbia del antiguo enemigo. Esta victoria se manifiesta con la
gloriosa resurrección de Cristo, cuando Dios lo resucitó de entre los
muertos y lo puso a su derecha en el cielo y todo lo sujetó debajo de
sus pies (cf. Eph 1, 21-22)
6. Cristo, para el ministerio que les encomendó, les dio poder a sus
Apóstoles y otros discípulos, para echar fuera a los espíritus inmundos.
(cf. Mt 10, 1.8; Mc 3, 14-15; 6, 7.13; Lc 9, 1; 10, 17.18-20). Les
prometió el Santo Espíritu Paráclito, que procede del Padre por medio
del Hijo, que acusará al mundo de juicio, porque el príncipe de este
mundo ya ha sido juzgado (cf. Io 16, 7-11). Entre las señales siguen a
los creyentes , se enumera en el Evangelio el sacar los demonios (cf. Mt
16, 17).
7. De allí que la Iglesia ejerció, desde el tiempo de los apóstoles, la
potestad de sacar demonios y repeler su influjo ( Act 5, 16; 8,7; 16,
18; 19, 12). Ora continua y confiadamente “en nombre de Jesús” para
liberarse del Malo (cf. Mt 6, 13 ). Mandó a los demonios de varias
maneras, por el mismo nombre y por la virtud del Espíritu Santo, que no
impidan la obra de evangelización (cf. 1 Thess 2, 18) y le restituyan,
como el Más Fuerte (cf. Lc 11, 21 22), el dominio de todo y también de
cada hombre. Se llama exorcismo cuando la Iglesia públicamente y con
autoridad, en nombre de Jesús, ora para que algunas personas o cosas
sean protegidas contra el influjo del Maligno, y se saquen de su
influjo.
DE LOS EXORCISMOS COMO TRABAJO DE SANTIFICAR LA IGLESIA
8. Por medio de la antiquísima tradición de la Iglesia conservada sin
interrupción, sabemos que el camino de la iniciación cristiana se
organiza de tal manera que se señala claramente la espiritual lucha
cuerpo a cuerpo contra el poder del diablo ( cf. Eph 6, 12) y que la
misma empiece a acontecer. Los exorcismos que hay que hacer de forma
sencilla sobre los elegidos en el tiempo del catecumenado o exorcismos
menores, son oraciones de la Iglesia para que estos, conocido que han
sido liberados de pecado por el misterio de Cristo, se liberen de las
secuelas del pecado y de los influjos del diablo, sean robustecidos en
su camino espiritual y abran sus corazones para recibir los dones del
Salvador. Por fin, en la celebración del Bautismo, los que se van a
bautizar renuncian a Satanás y a su fuerza y poder y se oponen a él con
su fe propia en Dios uno y trino. También en el bautismo de párvulos se
hace una oración de exorcismo sobre los niños “inclinados a las cosas
agradables de este mundo y que han de luchar contra las insidias del
demonio” , para que sean fortalecidos en el camino de la vida con la
gracia de Cristo. Por el bautismo, el hombre participa de la victoria de
Cristo sobre el diablo y el pecado, cuando pasa de aquel estado en el
que nace como hijo del primer Adán al estado de gracia y de adopción
como hijo de Dios por el segundo Adán Jesucristo y es liberado de la
servidumbre del pecado, con la libertad que Cristo nos liberó (cf. Gal
5, 1)
9. Los fieles, aun renacidos en Cristo, los que están en el mundo
experimentan tentaciones, por lo que deben vigilar porque su adversario
“el Diablo como un león rugiente da vueltas buscando a quien devorar” (cf.
1 Pet 5, 8). Al cual hay que resistir siendo fuertes en la fe,
confortados por el Señor y en el poder de su virtud (Eph 6, 10) y
apoyados por la Iglesia que ruega que sus hijos estén a salvo de
cualquier perturbación. Por la gracia de los sacramentos y especialmente
por la celebración repetitiva del de la penitencia consiguen fuerzas,
hasta que lleguen a la plena libertad de los hijos de Dios (cf. Rom
88,21).
10. Pero el misterio de la piedad divina se hace para nosotros muy
difícil de entender, cuando alguna vez ocurren casos de alguna especial
vejación o posesión (ocupación) por parte del diablo de alguna persona
agregada al pueblo de Dios y bautizado por Cristo para que como hijo de
la luz caminara hacia la vida eterna. Entonces queda claro el misterio
de iniquidad que se esta realizando en el mundo, aunque el demonio no
pueda traspasar los límites que Dios le haya impuesto. Esta forma de
potestad del demonio sobre el hombre difiere de aquella que se daba en
el hombre debido al pecado original, que es pecado. Si ocurre esto, la
Iglesia implora a Cristo, Señor y Salvador, confiada en su poder, le
ofrece ayudas al fiel vejado o poseído para sea liberado de la vejación
o posesión.
11. Entre estas ayudas sobresale el exorcismo mayor, solemne, que
también se llama mayor, que es una celebración litúrgica. Por esta razón
los exorcismos que intentan expulsar a los demonios o liberar del
influjo demoníaco y además con la autoridad espiritual que Jesús dio a
Su Iglesia es una oración de la clase de los sacramentales, por lo tanto
es un signo sagrado que significa signos especialmente espirituales y
que se obtienen por el mandato de la Iglesia.
12. En los exorcismos mayores la Iglesia unida suplica al Espíritu Santo
que ayude nuestra debilidad para echar demonios y así no dañen a los
fieles. Con aquel confiado soplo que el Hijo de Dios después de la
resurrección dono el Espíritu, la Iglesia hace el exorcismo, no en
nombre propio, sino únicamente en el nombre de Dios o Cristo Señor, a
quien todo, también el diablo y los demonios, debe obedecer.
DEL MINISTRO Y CONDICIONES PARA UN EXORCISMO MAYOR
13. El ministerio para exorcizar a los poseídos necesita de una licencia
peculiar y expresa del Ordinario del lugar que, como regla, será el
mismo Obispo diocesano. Esta licencia debe concederla solo a sacerdote
piadoso, datado de sabiduría, prudencian y de vida integra y también
preparado muy especialmente para esto. Y el sacerdote al le hay sido
encomendado el oficio de exorcista, de forma estable o para un caso
determinado, ejerza este ministerio confiada y humildemente bajo la
moderación del Obispo diocesano. Cuando en este libro se dice
“exorcista”, debe entenderse “sacerdote exorcista”.
14. El exorcista, en el caso de alguna posesión que se dice diabólica,
ante todo debe proceder con la necesaria y máxima circunspección y
prudencia. En primer lugar no crea fácilmente que cualquiera esté
poseído por el demonio, especialmente aquel que esté tratado por el
psicólogo debido a alguna enfermedad. Así mismo en absoluto crea que hay
una posesión en el que primero afirmó que estaba tentado, desolado y
vejado de manera especial por el demonio; pues uno puede engañarse así
mismo por la propia imaginación. Tenga también presente que no se
confunda por los engaños y mentiras que utiliza el demonio para engañar
al hombre, a fin de convencer al poseído para que no se sujete a
exorcismos: pues su enfermedad es natural y depende de la ciencia
médica. Empiece de manera igual que si verdaderamente hubiera sido
vejado por el demonio, tal como ha sido afirmado.
15. Distíngase correctamente el caso de ataque del diablo de aquella
credulidad por la cual algunos, incluso, que ellos eran objeto de
maleficios, de una malas suertes o maldiciones, que han sido puestas por
algunos sobre ellos o parientes o sobre sus bienes. A estos no se les ha
de negar la ayuda espiritual, pero bajo ningún concepto se les haga un
exorcismo; pues se les puede ofrecer otras oraciones acomodadas, de
manera que con ellas y por ellas encuentren la paz de Dios. Así mismo
hay que ofrecer ayuda espiritual a los creyentes a los que el Maligno no
les toca, pero son tentados por él para hacer el mal, cuando quieren
guardar fidelidad al Señor Jesús y al Evangelio. Estas oraciones pueden
ser oficiadas por sacerdotes que no sean exorcistas, y hasta por un
diácono, siempre que usen preces y oraciones preparadas para estos
casos.
16. El exorcista no debe proceder a celebrar un oficio de exorcismo sino
comprueba, con certeza moral, que realmente se va a exorcizar un poseído
del demonio y que este, si es posible, del consentimiento.
Se tiene por signos de posesión del demonio, según una forma de hacer
comprobada: hablar varias palabras de un lenguaje desconocido, o
entender al que las habla; hacer patentes cosas distantes y ocultas;
demostrar una fuerza superior a la edad o a su condición natural. Estos
signos pueden ofrecer un indicio de posesión. Como estos signos no es
forzoso atribuirlos al diablo, hay que fijarse en otras cosas,
especialmente del orden moral y espiritual, que de otro modo manifiestan
la intervención del diablo, como por ejemplo, el apartarse vehemente de
Dios, Del Santísimo Nombre de Jesús, de la Bienaventurada Virgen María,
de los Santos, de la Iglesia, de la Palabra de Dios, de as cosas, de los
ritos, especialmente sacramentales y de las imágenes sagradas. Y
finalmente alguna vez la relación de todos estos signos se ha de sopesar
diligentemente en la vida espiritual cristiana con la fe y la lucha, ya
que el Maligno en primer lugar es enemigo de Dios y de todas las cosas
que unen a los fieles con la acción salvífica de Dios.
17. El exorcista, consultados expertos en cosas espirituales y, en
cuanto sea posible expertos en ciencias médicas y psiquiátricas que
tengan conocimiento de cosas espirituales, juzgará prudentemente la
necesidad de usar el rito del exorcismo, a través de una diligente
investigación, guardando siempre el secreto de la confesión.
18. En casos que afecten a un no católico y en otros muy difíciles, debe
exponerlo al Obispo diocesano, el que puede requerir el asesoramiento de
algunos expertos, antes de tomar la decisión sobre el exorcismo.
19. Hágase el exorcismo de manera que se manifiesta la fe de la Iglesia
y que nadie lo pueda considerar una acción mágica o supersticiosa. Hay
que cuidar que no sea un espectáculo para los presentes. Mientras se
hace el exorcismo, de ninguna manera se dará paso a ningún medio de
comunicación, y también antes de hacer el exorcismo y una vez hecho, ni
los exorcistas ni los demás presentes divulgaran la noticia del
exorcismo, guardando la debida discreción.
DEL RITO QUE HAY QUE SEGUIR
20. En el rito de exorcismo, hay que prestar una atención especial,
además de a las oraciones del exorcismo, a los gestos y a los ritos, que
ante todo tienen lugar y sentido por que se usan en el camino de
preparación de los catecúmenos en el tiempo de purificación. Son tales
como la señal de la cruz, la imposición de manos, soplar y la aspersión
con agua bendita.
21. El rito empieza con la aspersión con agua bendita, puesto que vista
como símbolo de purificación en el bautismo, el vejado se siente
defendido de las insidias del enemigo.
Se puede bendecir el agua junto con la mezcla de sal, antes del rito o
en el mismo rito antes de la aspersión, según sea oportuno.
22. Siguen unas letanías, con la que se pide para el vejado, con la
intercesión de todos los santos, la misericordia de Dios.
23. Después de la letanía, el exorcista puede recitar uno o varios
salmos, que imploran la protección del Altísimo y alaban la victoria de
Cristo sobre el Maligno. Los salmos se leen seguidos o de modo
responsorial. Terminado el salmo, el exorcista puede añadir una oración
sacada del salmo.
24. Después se proclama el evangelio, como signo de la presencia de
Cristo, que por medio de su propia palabra en la proclamación de la
Iglesia, pone remedio a las enfermedades de los hombres.
25. Después el exorcista impone las manos sobre el atormentado, para lo
que se invoca la fuerza del Espíritu Santo a fin de que el diablo salga
de él, que por el Bautismo fue hecho templo de Dios. Al mismo tiempo
puede también exhalar hacia la cara de atormentado.
26. Después se recita el Credo o se renueva la promesa de fe del
Bautismo con la renuncia a Satanás. Sigue el Padre Nuestro, en el cual
se le pide a Dios, como Padre nuestro, nos libre del Malo.
27. Acabado todo esto, el exorcista enseña al atormentado la cruz del
Señor, que es fuente de bendiciones y gracias, y hace la señal de la
cruz sobre él, a través de lo que se indica el poder de Cristo sobre el
diablo.
28. Después dice una oración de petición, por la que ruega a Dios y una
oración imperativa por la que, en nombre de Cristo, se le manda
claramente al diablo que deje al atormentado. No se debe usar la oración
imperativa si antes no ha sido precedida por una oración de súplica.
Pero se puede la oración de petición y no hacer la oración imperativa.
29. Todas las cosas dichas antes, cuando se necesiten, se pueden
repetir, o en la misma celebración, teniendo en cuenta lo que se dice en
el número 34, o en otro momento, hasta que el atormentado quede
completamente liberado.
30. El rito concluye con un canto de acción de gracias, una oración y la
bendición.
DE COSAS ADJUNTAS Y ACOMODACIONES
31.El Exorcista no puede arrojar al genero menor de los demonios sino
por medio de la oración y el ayuno; estos dos importantes remedios para
pedir la ayuda divina, visto el ejemplo de los Santos Padres, deben
procurar aplicarlos en cuanto fuere posible, tanto por sí como por medio
de otros.
32. El fiel atormentado debe, si es posible, especialmente antes del
exorcismo, orar a Dios, hacer mortificaciones, renovar frecuentemente la
fe recibida en el Bautismo, y acercarse al sacramento de la penitencia
para protegerse (saepius) y también fortificarse con la sagrada
Eucaristía. También le pueden ayudar con la oración por caridad, los
amigos, los parientes, el confesor o el director espiritual, si para
estos es fácil, y la presencia de otros fieles.
33. Si es posible se harán los exorcismos en un oratorio o en otro lugar
apropiado, separados de la gente (multitud), donde presida la imagen del
crucificado. Hay que tener también en ese lugar una imagen de la
Bienaventurada Virgen María.
34. Teniendo en cuenta las circunstancias del atormentado y de otras
cosas, el exorcista use de las varias posibilidades que tenga para el
rito. Guarde principalmente la estructura de la celebración, disponga el
rito y las formas y seleccione las oraciones que necesita acomodándose a
la singularidad de las personas que estén presentes.
A) Ante todo tenga en cuenta el estado psíquico y psicológico del
atormentado y las variaciones posibles en el mismo estado según el día y
la hora.
B) Cuando no haya ningún grupo de fieles, ni siquiera pequeño, que lo
requiere desde la fe, la sabiduría y la prudencia, recuerde el exorcista
que entre él y el fiel atormentado ya son la Iglesia y recuérdelo esto
al mismo fiel atormentado.
C) Procure, que durante el tiempo que dura el exorcismo, el fiel
atormentado se ordene, si fuera posible, se convierta a Dios, y le
reclame con toda la humildad la liberación. Y se mantenga paciente
cuanto más se sienta atormentado, no desconfiando del auxilio de Dios
por medio del ministerio de la Iglesia.
35. Si se ve que hay que admitir para celebrar el exorcismo a algunos
compañeros del atormentado, hay que enseñarles a hacer oraciones con
mucha fuerza por el hermano atormentado, o de forma privada o de la
forma que se indica en el ritual, pero absténganse de cualquier oración
de exorcismo, sea de petición o imperativa, las cuales solo han de ser
usadas por el exorcista.
36. Conviene que cuando el fiel quede liberado de la posesión, tanto
sólo como con los familiares que le acompañan, hagan acciones de gracias
a Dios por la paz recibida. Además se le guíe para que persevere en la
oración, sacándola principalmente de las Sagradas Escrituras, y que
frecuente el sacramento de la penitencia y de la eucaristía y también
lleve una vida cristiana con obras de caridad y llena de amor fraterno
con todos.
DE LAS ADAPTACIONES QUE COMPETEN A LAS CONFERENCIAS EPISCOPALES
37. Pertenece a las conferencias de los obispos:
A) Preparar el texto de las versiones, habiendo observado fidelidad e
integridad al texto original.
B) Adaptar los signos y los gestos de los ritos si esto se ve necesario
o útil, de acuerdo con la cultura y forma de ser de cada pueblo y con la
aprobación de la Santa Sede.
38. Además de la versión de los Prenotandos, que debe ser íntegra, si la
Conferencia Episcopal lo cree oportuno puede añadir un Directorio
pastoral para el uso de los exorcismos mayores, por el que los
exorcistas no sólo entiendan más profundamente la doctrina de los
Prenotandos y comprendan mejor la significación plena de los ritos, sino
que además reúnan los documentos del modo de proceder, de hablar, de
interrogar, de juzgar según autores experimentados. Estos Directorios
que se pueden componer con la colaboración de los sacerdotes que tengan
ciencia y madura experiencia por el largo ejercicio del ministerio de
exorcista en cada región y cultura, se enviarán a ser revisados por la
Sede Apostólica según las normas del derecho.

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de Jesús y María.